“La invención del sello abarató y popularizó las comunicaciones”

Mario Mirman, en su oficina, durante un momento de la entrevista. / FOTOS: JUAN CARLOS VÁZQUEZ

“La invención del sello abarató y popularizó las comunicaciones”

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Aunque se licenció en Derecho por la Universidad de Sevilla, Mario Mirman (1961) se dedica, desde 1986, al negocio de la filatelia, la numismática y todo tipo de coleccionismo. Su propia empresa, Once Limado S. L., es una especie de museo en el que se muestran algunas de sus piezas más preciadas, fundamentalmente objetos relacionados con la historia del correo español. Bético hasta la médula con especial devoción por Gordillo, fue el encargado de diseñar el sello que conmemoró el centenario del equipo sevillano. También es miembro de la Real Academia Hispánica de Filatelia e Historia Postal, y ha centrado sus investigaciones en el pasado postal de la ciudad de Sevilla, con numerosas publicaciones sobre la materia. Asimismo, fue fundador en 1996 de Ediciones Ferrari, empresa dedicada a la publicación de libros y álbumes de coleccionista. A caballo entre Sevilla y Madrid, donde tiene su oficina como presidente de la Asociación de Empresarios de Filatelia, Mario Mirman es también comisario de la Europea Convención Foro Colectora, feria del sector de carácter anual.

-En los tiempos de la preinformática, cuando éramos niños, era muy habitual hacer pequeñas colecciones con los sellos que llegaban a casa. Ahora debe ser más complicado iniciarse en la filatelia. ¿El correo electrónico ha matado este coleccionismo?

-Hay gente que habla de la posfilatelia, al igual que hay una prefilatelia, porque nosotros coleccionamos también las marcas que existían antes de la aparición del sello de correos. Ahora, incluso se coleccionan las nuevas formas de franqueo de la correspondencia, como son los FPO (franqueo pagado en oficina) o las etiquetas electrónicas.

-Pero esas etiquetas electrónicas, esas pegatinas, no tienen nada que ver con los sellos primorosamente editados. Se observa un cierto descuido y rutina en su diseño.

-Estoy totalmente de acuerdo con usted. Hoy en día no se cuidan tanto las ediciones… Las pegatinas son de impresión térmica y, por lo tanto, tienen una vida limitada. Actualmente, Correos sólo garantiza la duración de la impresión térmica de los sellos diez años. Algunos incluso aconsejan que se metan en el congelador… Pero, bueno, lo que nos gusta de verdad coleccionar a los filatélicos es el sello de toda la vida, el clásico.

-¿Cuando y por qué nació el sello?

-Lo inventó Rowland Gill, en 1840, en Inglaterra. Hasta ese momento, las cartas las pagaban los que la recibían, no los que las mandaban. El sello aportó muchísimo a las comunicaciones al abaratarlas considerablemente y, por tanto, popularizarlas. Vea el caso de España: en 1850, justo antes de surgir el primer sello español, mandar una carta de una onza valía como mínimo un real; pero ya con el sello el precio se abarató a seis cuartos. El éxito fue tal que, en 1854, el coste del mismo envío se rebajó a cuatro cuartos. En muy poco tiempo, el uso del correo fue masivo.

“PARA MUCHOS, LA ÚNICA MANERA DE CONOCER LA IMAGEN DEL MONARCA ERA A TRAVÉS DE LOS SELLOS”

-¿Cómo era el primer sello español?

-Con la efigie de Isabel II. Se copió del Black Penny, el primer sello creado por Rowland Gill, que tenía la imagen de la Reina Victoria. En España también fue de color negro.

-Siempre se mantuvo la tradición de que los sellos más económicos reprodujesen la imagen de los jefes de Estado. Recuerdo los de Franco y el rey Juan Carlos… Una manera de popularizar el rostro del poder.

-Estamos hablando de unos momentos en los que apenas había imágenes gráficas, todo lo contrario a los tiempos actuales, en los que estamos saturados. Para muchos, la única forma de conocer la imagen del monarca era por los sellos de correos.

-¿Y usted, por qué empezó a coleccionar sellos?

-Cuando yo era niño apenas existían dos formas de ver imágenes en color: los álbumes de cromos y los sellos de correos. El 90% de las enciclopedias eran en blanco y negro, también la televisión. Si querías ver una imagen de calidad de un castillo de España tenía que ser en un cromo o en un sello. Ese fue el motivo por el que muchos chavales empezamos a coleccionar.

-¿Y la filatelia ha quedado como algo para viejos y nostálgicos?

-Se está registrando un fenómeno muy curioso. Antes, los coleccionistas comenzábamos cuando éramos niños, pero ahora lo hacemos cuando ya somos maduros. Me gusta decir que quedamos menos, pero somos más buenos. Antiguamente existía el coleccionista que tapaba el hueco de un álbum. Hoy en día se tiende a especializar la colección. Por ejemplo, el periodismo en la filatelia… Investigar qué países han dedicado sellos al periodismo, buscar matasellos de periodismo, coleccionar cartas de periodistas célebres… Cada uno se puede fabricar la colección que desee. Ya es imposible una colección que tenga todos los sellos emitidos, son millones…

“LA FILATELIA ES UNA CIENCIA AUXILIAR DE LA HISTORIA. UN SELLO O UN SOBRE PUEDEN DAR MUCHA INFORMACIÓN”

-¿Hubo algún personaje que llegase a tenerlos todos?

-Sí, el conde Ferrari, en 1905. Era un multimillonario que consiguió coleccionar todos los sellos emitidos en el mundo en el siglo XIX. Tenía hasta una asignación de su padre de 10.000 francos semanales para sellos. Una pequeña fortuna.

-Usted ha dedicado parte de sus esfuerzos a estudiar la historia postal de Sevilla. ¿Algún hallazgo importante?

-Tras veinte años buscando, encontré en el mercado privado una carta de Felipe V emitida durante su estancia en Sevilla, cuando el Lustro Real.

-¿Y cuál es el contenido de la carta?

-Ordena a un convento elevar oraciones por una Armada que va a mandar a Argel. Pero a nosotros, más que el contenido, lo que nos interesa es el continente. La carta lleva la oblea real, el “Por el Rey…” y toda esas cosas. Soy uno de los mayores defensores de lo que ahora se llama la filatelia social.

-¿Y en qué consiste la filatelia social?

-La filatelia es una ciencia social y auxiliar de la historia. El interés histórico de una carta puede estar en el sello o en el matasello, porque dan informaciones esenciales. Por ejemplo, tengo un sobre que está ilustrado con las banderas republicana y andaluza. Pertenecía a una fábrica de anisados de Cazalla, en plena Guerra Civil, después de haber sido tomado el pueblo por las fuerzas nacionales. Alguien había tapado la franja morada con pintauñas de color rojo y había escrito ¡Viva España! y ¡Viva el Ejército! Eso aporta mucha información histórica… También cartas de la escuela de Morelia…

-Eso es en México, ¿no?

-Sí, es el colegio a donde fueron a parar miles de niños españoles durante el exilio en México. El gobierno de este país le dio a los alumnos una franquicia para que pudieran escribir a sus padres. Cuando encuentras una carta de esas te estás topando con un documento importante sobre el exilio. Hay veinte mil detalles históricos que puedes encontrar en una carta.

“EL CORREO QUE LLEVÓ A LOS REYES CATÓLICOS LA NUEVA DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA RECIBIÓ UNAS CASAS EN LA JUDERÍA”

-Son ejemplos de esa intrahistoria de la que hablaba Unamuno.

-Te encuentras con cosas francamente divertidas. Por ejemplo, tuve que buscar para un cliente uno de los antiguos retratos de Franco que se colgaban en las dependencias oficiales. Aunque parezca sorprendente, fue difícil encontrarlo, pero al final lo conseguí tras dos años de búsqueda. El retrato estaba dedicado por el propio Franco al antiguo propietario, pero cuando le quitamos el marco, detrás apareció una imagen de Lenin dedicada por Carrillo a la misma persona.

-La condición humana. El buen coleccionista siempre es un cazador. Alguien que está apostado a la espera de una buena pieza. ¿Cuál es su mejor trofeo?

-La Carta Habana.

-¿Y qué es la Carta Habana?

-La carta con sellos más importante que ha circulado entre España y América. Cruzó el Atlántico en 1850 y lleva doce sellos de diez reales, el sueldo de un albañil durante cuatro o cinco meses. Además, está pasada por la empresa de Correos Marítimos, una institución mítica.

-¿Cuándo nació el cuerpo de correos español?

-El año pasado se celebró el tricentenario. Hasta 1717 y la reforma borbónica impulsada por Felipe V, el correo era un servicio arrendado por el Estado a particulares. Existían muchos: el correo mayor de Sevilla, el de Madrid… Normalmente estaban arrendados a la familia Tassis, que es a la que le deben el nombre los actuales taxis y el color amarillo que suelen llevar estos vehículos. También existía la Universitas Mercatorum, que era el correo de los comerciantes.

-¿Tenían un servicio propio?

-Sí. Es increíble, pero fue a través de la Mercatorum como Colón mandó a los Reyes Católicos, entonces en Barcelona, las cartas que tuvo que enviar desde Lisboa y Sevilla y en las que anunciaba el descubrimiento de América. Fue a través de un señor sevillano que se llamaba Hernando de Collantes, quien recibió en pago del porte de la albricias ¡unas casas en la Judería! Quizás el precio más alto pagado en la historia por una carta.

-¿Y por qué no lo mandó con un correo real?

-Probablemente, no se fiaría. De la carta sólo se guardan copias… En el libro de copias de las cartas Colón, cuando se llega a esta misiva, pone: “El original está en el maço“… ¿Dónde está el maço? Descubrir la carta original sería increíble.

-Hablemos del correo popular, no sólo de las grandes cartas históricas. Antes de los sellos, en lo que se llama la prefilatelia, tenían mucha importancia una figura llamada los cosarios…

-Cosarios, arrieros, ordinarios, trajineros, correveidiles… Hay veinte mil nombres preciosos, pero en la zona de Sevilla y, sobre todo, Cádiz, los cosarios tuvieron un desarrollo fundamental porque eran más ágiles que el propio correo oficial. Eran personas que llevaban mercancías y correspondencia de un pueblo a otro. Antiguamente, a los particulares sólo les estaba permitido transportar dos tipos de cartas: las que se enviaban dentro de las ciudades y las llamadas cartas de mercancías, que son aquellas que acompañan a una determinada carga. Hacia 1836 se crearon las primeras compañías de cosarios, como la de Mamerto Moreno, Verdugo, Núñez y Pausadela o la del Sol, que llevaron correspondencia hasta 1860. Muchas veces -otras no-, llevaban las cartas a correos y pagaban las tasas, pero se encargaban personalmente del porte, porque eran mucho más veloces que el servicio oficial. Lógicamente, eran más caros que correos, pero las empresas pagaban esa agilidad. Eran rapidísimos para la época.

“EL SELLO MÁS CARO QUE EXISTE EN ESPAÑA ES EL ‘DOS REALES AZUL’, QUE EN PAREJA VERTICAL CUESTA 760.000 EUROS”

-Además de la investigación, usted se dedica a la venta y subasta de sellos, cartas de personajes, numismática… ¿Cuál es el sello más caro que existe en España?

-El dos reales azul de 1851, con la efigie de Isabel II, que responde a un error de impresión que se produjo al deslizarse un cliché del sello de dos reales rojo-naranja en la plancha del seis reales azul, por lo que se imprimieron ejemplares del primero en este último color.

-¿Cuanto cuesta?

-490.000 euros, y en pareja vertical 760.000 euros. Sólo existen tres ejemplares: uno aparentemente nuevo que pertenece a la colección de la Reina de Inglaterra y está fuera de mercado; el segundo, conocido como el Catalonia -porque lo compró un coleccionista catalán-, se ubica, según mis últimas noticias, en un banco en Suiza; y el tercero, llamado el Gálvez, que, aunque es el más feo de los tres, es el único que está en pareja. Hace 20 años ofrecí por él 20 millones de pesetas y el propietario me dijo que ya le habían pagado 125 millones.

-¿Se invierte mucho en sellos?

-Actualmente, hay un coleccionista ruso que adquiere todas las piezas de gran valor que se le ofrecen. Llega a pagar dinerales.

-Usted estudió Derecho, ¿nunca lo ha ejercido?

-No… sólo como abogado de los pobres (ríe). Ahora, quiero hacer mi tesis doctoral sobre los sellos de los colegios de procuradores, notarios, escribanos y abogados. Curiosamente, fue algo que se inventaron los escribanos sevillanos en 1787, después nos copiaron todos.


Fuente: Diariodesevilla.es

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