Ídolos de papel moneda
El ídolo, empero, a miles de personas corrompe en el desempeño de su cargo público; con su corrupción, sitúa en crisis a la sociedad que honestamente debería servir. La deja falta de recursos para su desarrollo, crecimiento y avance.
Muchas pequeñas y medianas empresas han de cerrar; y las grandes, como poco, incoan los odiosos ERE, eufemismo con el que se da a entender al paria que será despedido inminentemente, arguyendo, cínica y vilmente, la falta de liquidez para pagar su sueldo mensual. Todo vale desde que quien ha mordido el anzuelo de la avaricia, no cejará en su empeño de ser, él mismo, el dinero codiciado, en carne y hueso. Así se crean, aunque temporalmente, los dioses hechos de dinero, adorados mientras la ley no desvela su ilegal proceder.
En la situación actual, hemos de proclamar la muerte de estos ídolos, nacidos de sus inicuas entrañas y elevados a un olimpo crematístico edificado con la mezquindad como ladrillo y culminado con la impunidad en la que se instalan durante su apogeo.
Así como Nietzsche entiende por «ideales» no otra cosa que «derribar ídolos», ayudando al ocaso de los nuestros sus pies descansarán en prisión, atados con grilletes. Habrá acabado su sueño de megalomanía. Y se habrá hecho justicia.
Noticia tomada de: La Verdad (Murcia) - España










